Los Siete
La mayoría de los habitantes de Poniente creen en los dioses de una u otra forma, aunque existen distintos cultos oficiales. Las creencias y supersticiones influyen en la vida diaria de señores y plebeyos por igual, y ejerce un gran peso en sus costumbres y tradiciones. Los niños se crían con fábulas e historias sobre snarks, grumkins y otros monstruos igual de terribles, como Los Otros, que irán a sus casas para llevárselos si se portan mal. Aunque la mayoría deja de creer en estas historias cuando crecen, nadie olvida que no hace mucho tiempo los dragones aún volaban. ¿Quién sabe lo que podría seguir acechando en las tierras salvajes?

La religión predominante es el culto ándalo a los Siete. Se les considera los nuevos dioses, aun cuando su culto llegó a Poniente hace ya seis mil años. Los Siete representan distintos aspectos del dios creador, aunque la mayor parte del pueblo llano los ve como siete dioses distintos y dejan las filosofías teológicas en manos de sus septones.
Los distintos aspectos de los Siete son el Padre, la Madre, el Guerrero, el Herrero, la Vieja, la Doncella y el Desconocido. Los seguidores de este culto suelen rezar a uno de los seis primeros aspectos; casi nadie reza al Desconocido, pues es el rostro de la muerte y por esa razón todos lo temen.
Los feligreses que estudian y predican el culto a los Siete como vocación se conocen con el nombre de devotos (septones si son hombres, septas si son mujeres). Los devotos renuncian al nombre de su familia cuando juran los votos para demostrar que son todos iguales a ojos de los dioses. La cabeza visible del culto es El Septón supremo, que lidera a sus feligreses desde el Gran Septo de Baelor, situado en Desembarco del Rey. Cuando un miembro del culto es designado septón supremo, no sólo debe renunciar al nombre de su familia, sino también al suyo propio, como símbolo de su devoción incondicional a los dioses.
Por debajo del septón supremo se hallan los muy devotos, clérigos que ejercen una tremenda influencia en los aspectos religiosos (y políticos) de la nobleza de Poniente. Los septones y las septas prestan juramentos, suelen ser cultos y sabios, y a menudo instruyen a los hijos de los nobles de Poniente. Los devotos suelen consagrarse a los siete aspectos del dios creador, y como hay igualdad de aspectos masculinos y femeninos (pues el Desconocido es ambos o ninguno), las septas suelen considerarse iguales a los septones en términos jerárquicos.
Algunas órdenes eclesiásticas veneran a un aspecto concreto por encima de los demás, como por ejemplo al Herrero o al Guerrero. Los hermanos mendicantes visten ásperas túnicas marrones y llevan la palabra de los Siete a las aldeas y caseríos más pequeños. Aunque son pobres (subsisten a base de limosnas) y no suelen tener cultura, a menudo aprenden las oraciones por repetición. Las hermanas silenciosas también desempeñan su propia labor: visten túnicas grises, hacen votos de silencio y se consagran en cuerpo y alma al aspecto del Desconocido. Ocultan sus rostros tras un velo que sólo deja al descubierto sus ojos, pues contemplar el rostro de la muerte condena a quien lo mira. Su función es preparar el servicio funerario de los difuntos.
Los fieles se congregan en septos o septrios (monasterios), que siempre tienen planta heptagonal y están decorados con prismas (cristales de siete lados) o estrellas de siete puntas. Los devotos suelen llevar consigo un prisma de cristal para oficiar ceremonias, y su libro sagrado se llama La estrella de siete puntas.
